Particularmente, los estudiantes pertenecientes a la diversidad sexual y de género (DSG), es decir, la población lesbiana, gay, bisexual, transgénero/transexual y
queer (LGBTQ+), experimentan estrés crónico debido a la estigmatización y la discriminación, lo que debilita su capacidad de centrarse en lo académico
4 . Asimismo, en la educación superior existe cierta resistencia a la inclusión de la población LGBTQ+, la cual crea un clima que inhibe a muchas personas de ser abiertas sobre su orientación sexual o identidad de género
5 . Este clima perpetúa que aquellos estudiantes continúen sintiéndose vulnerables y marginados
5 ,
6 .