La industrialización descontrolada en las urbes ha generado un problema de contaminación ambiental en todo el mundo. La emisión industrial de gases y vapores con compuestos tóxicos, aunado a la quema de combustibles fósiles son las principales fuentes de contaminación. Gran parte de los elementos metálicos y sus compuestos contaminan el aire, el suelo y los cuerpos de agua; algunos de ellos, como el cobre, el hierro o el manganeso, sirven de cofactores para enzimas que realizan funciones vitales, pero cuando los organismos se exponen a concentraciones mayores a las recomendadas, son potencialmente tóxicos. De otros metales se ha comprobado que no tienen funciones metabólicas en las células; por el contrario, son tóxicos, como son los casos del plomo, del cromo y del cadmio. Los efectos tóxicos de los metales conducen al deterioro de la salud e incluso pueden generar diferentes tipos de cáncer. Existe evidencia reportada de que diversos órganos son blancos de la toxicidad de los metales; por ejemplo, hay publicaciones que describen alteraciones respiratorias, neurológicas, cardiovasculares, hepáticas, renales, digestivas, inmunológicas, reproductivas, etc. Una vez que los metales ingresan al organismo se distribuyen por el torrente sanguíneo y entran a las células por canales iónicos o transportadores de metales esenciales. El daño celular por metales incluye la generación de estrés oxidante, mimetizar a los metales esenciales, producir daño genotóxico, modificar el ciclo celular, inhibir o inducir la expresión de genes y modular vías de señalización. En este trabajo se incluyen los principales mecanismos tóxicos de acción del cromo, del níquel, del cobre, del plomo, del cobalto, del manganeso, del cadmio y del vanadio, que son algunos de los metales reportados como contaminantes atmosféricos en México. Palabras clave: Contaminación atmosférica; metales pesados; toxicidad por metales; contaminación en México.