La cosecha de energía (energy harvesting, en inglés), se define como el conjunto de estrategias orientadas a capturar energía residual disponible en forma vibracional, eólica, térmica, solar, electromagnética, electrostática, inductiva o piezoeléctrica y convertirla en potencia eléctrica útil para suminístrala a sistemas de bajo consumo [1], [2]. En este campo, la conversión piezoeléctrica ha adquirido relevancia por su alta densidad de potencia, ausencia de interferencia electromagnética, facilidad de miniaturización y compatibilidad con sensores, MEMS y nodos inalámbricos [3], [4], [5]. Dentro de las configuraciones estructurales más estudiadas, se encuentran las vigas en voladizo con parches piezoeléctricos que concentran esfuerzos cerca del empotramiento, lo cual favorece la conversión electromecánica [5], [6]. Los tipos de piezoeléctricos más usados son: zirconato titanato de plomo (PZT), fluoruro de polivinilideno (PVDF) y compuesto de macrofibras piezoeléctricas MFC, seleccionados de acuerdo con su grado de rigidez, acoplamiento electromecánico, flexibilidad, biocompatibilidad y tamaño [3], [4].